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15 de abril de 2011

Más de mil obras fueron evaluadas en la edición 2010 del Salón Nacional de Pintura que impulsa la Fundación Banco Nación Argentina; las 44 seleccionadas se exhiben en el Centro Cultural Borges


Por Julio Sánchez
Para LA NACION

El desafío de la pinturaCada vez que transito un Salón de Pintura me viene a la cabeza el recuerdo de estas líneas que Jorge Luis Borges escribió en "El idioma analítico de John Wilkins": "Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos . En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas". La multiplicidad de propuestas, poéticas, técnicas, edades y procedencias de los artistas provoca tanto entusiasmo como desconcierto. Esas "ambigüedades, redundancias y deficiencias" son las que suelen marcar el paso de todos los salones, y el Salón Nacional de Pintura de la Fundación Banco de la Nación Argentina, que se puede visitar en el Centro Cultural Borges, no es la excepción.

En este caso, el monto apreciable de sus premios y la seriedad con la que se organiza desde el año 2000 marcan la diferencia. En su edición 2010, el primer premio adquisición de $ 50.000 fue otorgado a Juan Andrés Videla por su obra Jardín con árbol ; el segundo, de $ 30.000, correspondió a Hernán Salamanco por su obra Natural vista , y el tercero, de $ 20.000, a Marina De Caro, por Comunidad origami . Además, hubo menciones para Carlos Bissolino y Marcelo Torreta, y menciones honoríficas para Ignacio de Lucca, Florencia Levy y Mariano Vilela.

La presidenta de la Fundación, Silvia Gallego, encomendó la curaduría a Ana María Battistozzi, gestora cultural y crítica de arte de larga trayectoria, que a su vez convocó a un jurado de selección integrado por Diana Aisenberg, Juan Astica, Alejandro Miguel Dávila, Daniel García y Felipe Pino. Juntos eligieron 44 propuestas (sobre un total de 1014 envíos) para que el jurado de premiación compuesto por Juan José Cambre, Mercedes Casanegra, Fernando Farina, Josefina Robirosa y Eduardo Stupía se hiciera responsable de los resultados finales.

En la presentación del catálogo (completísimo libro con fotos y biografía de cada artista y de los jurados), Battistozzi discurre sobre los tropiezos, muertes y resurrecciones que tuvo la pintura en el país y en el mundo. Son largas las disquisiciones teóricas acerca de la salud o enfermedad de esta práctica, como -por ejemplo- las concienzudas reflexiones de Luis Felipe Noé sobre lo que él mismo llama "el strip tease de la pintura". Pero el argumento más arrollador puede ser el comentario de una visitante a este salón, una señora amante del arte y del espray excesivo en su peinado, que proféticamente enfatizó: "Mientras haiga una pared, habrá pintura".

La pintura fue revalorizada en los años ochenta, cuando irrumpió con grandes formatos escudados en las etiquetas de transvanguardia en Italia, pintura salvaje en Alemania y Nueva Imagen en la Argentina. Luego se aquietó el panorama, se compensó con formatos como las instalaciones, y hoy goza de una situación estable. Dos funciones fundamentales de la pintura, la representación y la narración, compitieron con formatos como la fotografía (desde el daguerrotipo hasta la tecnología digital) y el videoarte (con subgéneros como la videoinstalación o el web-art ); sin contar el cine, que adquirió autonomía propia muy rápidamente.

Es natural que frente a tamaño desafío algunos pintores optaran por la abstracción (sea geométrica o expresiva, además de los territorios intermedios) o por el simbolismo. En la Argentina hay epígonos de las tendencias hegemónicas que logran un lenguaje más o menos personal, y subtendencias alimentadas otrora por críticos de arte, hoy por coleccionistas y marchands (o coleccionistas devenidos marchands , o pintores devenidos marchands alternativos). No faltan, por suerte, los que siguen el dictado de sus impulsos y trascienden las modas pasajeras. Quizás el desafío de la pintura (figurativa o no) no sea qué narrar sino cómo narrar.

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