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7 de marzo de 2011

Carnaval latinoamericano

La fiesta de la liberación y la resistencia

Los tiempos paganos se volvieron a adueñar del aire popular latinoamericano. Los carnavales regresaron con su desfile carácter alegre y permisivo, en el que las máscaras de la moral son cambiadas por las del desenfreno.

"Durante el carnaval no hay otra vida que la del carnaval. Es imposible escapar porque el carnaval no tiene frontera espacial. En el curso de la fiesta solo puede vivirse de acuerdo a sus leyes, es decir, de acuerdo a las leyes de la libertad", manifiesta Mijail Bajtin en su libro “La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento”.

En la Edad Media el carnaval representaba el tiempo donde todo valía y, sobre todo, el espacio donde las barreras sociales dejaban de serlo. Hubo culturas antiguas, donde durante el carnaval, los que estaban condenados a muerte, se lo coronaba como rey durante tres días. Entonces podían disfrutar del harén del rey, de la comida, impartir órdenes; pero cuando terminaban esos tres días, los mataban.

Las fiestas carnavalescas resisten al statu quo y las imposiciones de los poderes políticos y económicos. Constituyen el espacio de resistencia, pero también de una gran liberación: los roles cambian; el pobre es rico, el malo es bueno, el santo es diablo.

En ese contexto, el carnaval uruguayo -el más largo del mundo con 40 días de celebración- es una de las máximas expresiones de la cultura popular. Todos los años, el pueblo acude a las Llamadas, equivalente simbólico al tam-tam de la selva.

En la celebración uruguaya, las diferentes agrupaciones compiten en categorías sobre el escenario del tradicional Parque Rodó de Montevideo: las comparsas de morenos, las murgas, los parodistas y los grupos cómicos.

Algunos antecedentes de esa festividad rioplatense están en Europa, donde la celebración de las cosechas o de una festividad religiosa, servían como espacio para la reunión de los pueblos, que rompían así con los marcos institucionales de la cotidianeidad, en un espacio de libertad individual y colectiva.

Asimismo, los festejos tienen también un origen hispánico que llega con la colonización, se enriquece con el aporte de los negros africanos, y luego se transforma en un proceso de nacionalización con una identidad propia.

A través de la cara pintada, el pueblo expresa lo que es, lo que quiere ser, pero también lo que no es. El carnaval es un espacio de libertad donde la imaginación y la creación, dejan traducir su visión del mundo, su nivel de conciencia y de alienación.

Por detrás del disfraz, la danza y la música, tienen un contenido político y social que explica su indeclinable arraigo popular. El murguero burla al rico. Viste sus ropas. Usa frac, levita, guantes blancos, galera.

“Araca la Cana”, una de las murgas más tradicionales de Uruguay, expresa en su arte crítica y contestación. Sus repertorios son directos, comprometidos, influenciados por su historia política y social. Hija de padres proletarios y obreros vocingleros, nace en 1935, en Paso del Molino, barrio del oeste de Montevideo.

En una noche de dictadura, oscura y asesina de junio del 1980, se origina “Falta y Resto”, otra agrupación histórica. Conocida por su humor e ironía constante, revolucionó las formas tradicionales de hacer murga uruguaya, y convocó nuevas estéticas y maneras de expresarse.

“Contrafarsa y Agarrate Catalina” son otras de las murgas que actualmente brillan en los carnavales uruguayos. Surgidas del semillero joven, profesan una estética netamente humorística, sin dejar de lado la crítica social.

El carnaval es una de las voces latinoamericanas. Fiesta popular, lugar de crítica, rebeldía y contestación, representa el folclore y el sentir de los pueblos, que todos los años renace para contagiar su esencia y alegría.


Fuente: María Victoria Romero, Agencia Periodística del Mercosur (APM)

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